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Familias Disfuncionales

Me imagino que muchas veces han oído hablar de las familias disfuncionales. Generalmente a estas se las relaciona con violencia física, falta de educación formal por parte de los padres, adicciones, entre otras características. Pero este tipo de familias se encuentra en todas partes y su actuar es mucho más sutil de lo que uno imagina.

Lo importante, son las terribles consecuencias que estas relaciones enfermizas entre los padres traen a sus hijos, quienes muchas veces sin quererlo, vuelven a repetir alguna de las conductas que juraron nunca volver a realizar.

Para definir y acotar, voy a hablar de familia disfuncional como un grupo de personas que viven en constantes conflictos (esa es su manera de relacionarse y no saben hacerlo de otra) y en vez de enfrentarlos, los niegan. Son familias en donde los modelos comunicacionales son inadecuados: son autoritarios, rígidos, apelan al miedo, al silencio y a la prohibición para mantenerse y para controlar a los miembros que forman parte de ella. Se caracterizan por su falta de cohesión y no se brindan ayuda ni se apoyan frente a los problemas.

Un elemento típico es que mienten a los demás para mantener una fachada normal: de familia unida, que se quiere y se respeta, en donde todos los integrantes están contentos y satisfechos.

Los niños producto de estas familias, crecen creyendo que esto es normal, que así son las cosas. Empiezan a acomodarse a estas conductas y lo que es peor, muchas veces las refuerzan y ayudan en su mantención.

Si actúan de manera diferente y se preguntan porqué pasa esto, quiebran la “armonía” del hogar, hacen sufrir a sus padres y rompen ese equilibrio patológico que las mantiene; es común que pasen a conocerse como el “hijo problema”, incluso son los que son llevados a terapia por este actuar.

En una F.D. un niño no se siente querido incondicionalmente, tiene miedo de expresar lo que siente y casi siempre la culpa cae sobre él ante cualquier problema. Aprende lo que es la desesperanza desde muy pequeño y convive diariamente con la frustración. Como vivieron en un constante clima de violencia (entiéndase violencia de todo tipo: psicológica, negligencia, abandono) muchas veces llegan a usar mecanismos de autodestrucción, dirigiendo la agresividad hacia sí mismos para lidiar de alguna manera con la angustia que sienten. En este sentido podemos ver adolescentes que comen compulsivamente, que asumen conductas de riesgo sin pensar en las consecuencias, que maltratan sus cuerpos de manera penosa.

Son niños (y adultos posteriormente) que probablemente tendrán baja autoestima, que sentirán que sus necesidades no son importantes y que han aprendido a vivir a medias. Pueden buscar la aprobación constante del que los rodea (por favor, que alguien me quiera!!!) y pueden ser sumisos y no tener puntos de vista firmes y convincentes, evitando el surgimiento de cualquier problemita, por pequeño que sea.

Por otra parte existen los rabiosos, los que se quedaron callados toda su infancia para reventar en su adultez; los que se preocupan solo de sí mismos y alejan a todos los que quieran entregarles afecto.

Por último, existen los iluminados, los que iban en camino para ser como los anteriores pero encontraron algo a qué atenerse, una persona, un terapeuta, una fuerza interior. Y salen adelante, y pueden mirar desde otra perspectiva lo que les pasó y están seguros de que no lo repetirán con sus hijos.

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