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Familias Negadoras y el daño que provocan en los niños(as)

En esta ocasión voy a hablar de algunas características de las familias negadoras y también de las graves consecuencias que éstas pueden traer a sus hijos.

Para empezar, si uno busca este término en el diccionario psicológico, se encontrará a la Negación como: “Mecanismo de defensa por el que se rechazan aquellos aspectos de la realidad que se consideran desagradables. El individuo se enfrenta a conflictos emocionales y amenazas de origen interno o externo negándose a reconocer algunos aspectos dolorosos de la realidad externa o de las experiencias subjetivas que son manifiestas para los demás. El término negación psicótica se emplea cuando hay una total afectación de la capacidad para captar la realidad………….” (www.psicoactiva.com)

El uso de los mecanismos de defensa es algo común en todos nosotros; los usamos para poder sobrevivir a situaciones estresantes y en ese sentido nos protegen. Lo peligroso viene cuando estos son utilizados no solamente en hechos dolorosos sino que en la vida diaria, por hábito o costumbre, cuando se transforman en una manera habitual de enfrentar la vida.

Como ejemplo de esto, algo simple: el niño o niña baja de rendimiento abruptamente en el colegio y muestra baja motivación escolar. Un padre negador no se va a dar el trabajo de tratar de entender a su hijo (a) ni de analizar estos cambios en un contexto más amplio, sino que va a echarle la culpa al profesor, al sistema educacional, a los compañeros “mala influencia” para su hijo(a) y/o también a su hijo(a). Desde esta visión, no cabe la propia responsabilidad en el asunto.

Generalmente los padres que niegan las realidades de sus hijos, son padres que no son capaces de enfrentar la realidad de ellos como individuos, como pareja, como padres, como trabajadores, como hermanos, etc.; son personas que están acostumbradas a “hacerse las lesas” con los problemas en todos los ámbitos y actuar como si todo estuviera bien.

Con la Negación vienen tres problemas;

  1. Por hacerse el leso, nunca se desaparece un problema, es más, todo lo contrario, tiende a acrecentarse y termina reventando en las caras de todos los que estaban cerca, no dando en estas instancias ninguna posibilidad de rectificación: el daño ya está hecho y la manera desadaptada para enfrentarlo, se volvió rígida, se solidificó, siendo muy difícil flexibilizarla o cambiarla.
  1. El segundo problema para un niño o niña y más para un adolescente: la percepción de que sus padres no se hacen cargo de lo que pasa, genera tremendas cuotas de agresividad, de soledad, de impotencia, de confusión: ¿Cómo se explica un niño que sus padres parecieran no notar o no quieren hablar abiertamente ante un evento traumático? o ¿Cómo se explica que después de haberles contado algo tremendamente importante para él o ella, los padres no acusen recibo o bien lo castiguen por ello? Entonces al niño(a) no le queda más que entrar en esta dinámica enferma (para no desentonar con su familia) o intentar decir que lo que está pasando es una locura (ante lo cual probablemente sus padres lo señalarán a él como el loco); con cualquiera de las dos opciones el niño (a) pierde.
  1. Y el tercer y más grave problema según mi opinión, los niños desde pequeños aprenden los modelos de resolución de conflictos que tienen sus padres sin cuestionarlos mucho (aprendizaje por observación e imitación), entonces como pasa en el caso de los adultos maltratadores que generalmente crían a hijos que maltratarán a sus hijos también, los padres negadores enseñan a sus hijos a evitar los problemas para estar mejor.

En terapia, estos personajes (los adultos “negadores”) son duros de roer, no aguantan que se les muestre que los problemas pueden ser tomados de maneras distintas y más efectivas y se sienten fácilmente agredidos, por lo que muchas veces solo queda fortalecer los recursos que tenga el niño y enseñarle a definir expectativas reales que puede esperar de estos padres que tiene.

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